sábado, 24 de julio de 2010

El aliento del viento fresco - La ceremonia del Té

Por Rodolfo Ninomiya*

La práctica de Té es un ritual Zen por excelencia.
La atmósfera de serenidad y la refinada belleza
de todo lo que rodea son incomparables.
Proveniente de China, el té llega a su máximo
ideal en el siglo XVI. El gran maestro Sen No
Rikyu (1522-1592) propuso que el verdadero espíritu
del Té debía encontrarse en cuatro principios
fundamentales: armonía, respeto, pureza
y tranquilidad. La práctica del Té o Chanoyu
(literalmente,”agua caliente para el té”), es la
síntesis de la cultura japonesa porque en ella se
incluyen todas las artes. El arte de vestir el kimono,
del arreglo floral, de movimientos de tiro con
el arco, de la caligrafía o el de la alfarería.
El Chanoyu es simplemente una reunión social
para poder compartir un momento de paz y tranquilidad.
Es también el gusto por la observación
de objetos hermosos, los movimientos perfectos
y estudiados. Y en el nivel más profundo, es un
momento espiritual, no religioso, es decir, no
confesional, pero sí espiritual. Es un camino. Es
la auto educación.
La tranquilidad, un concepto único en la etiqueta
del Té, llega con la constante práctica de los tres
principios del Chanoyu. Estar en soledad, apartado
del mundo y en armonía con la naturaleza,
nos libera de las cargas materiales del mundo en
el cual vivimos. Hacer y tomar el Té, bajo su estricta
etiqueta, nos acerca al sublime estado de
tranquilidad. Pero por más extraño que parezca,
este estado de tranquilidad será más profundo
cuando otra persona ingrese al microcosmo del
recinto del Té y comparta un delicioso cuenco de
esta bebida. Por ende que podamos compartir la
tranquilidad personal en compañía de otros es la
paradoja del Chanoyu.
El té llega al Japón. El té es una obra de arte y solo una maestra puede hacer resaltar sus nobles
cualidades. No existe una única receta para
hacer un té perfecto. Cada preparación tiene su
individualidad, su afinidad con el agua y el calor,
sus recuerdos hereditarios, su manera de contar
una historia. La planta de Té, oriunda del sur
de China, era conocida desde la antigüedad en
la botánica y en la medicina. Era muy apreciada
por sus facultades de aliviar la fatiga, deleitar el
alma y fortalecer la voluntad. Entre los budistas
que habían incorporado muchas doctrinas
taoístas, se formuló un elaborado ritual del Té.
Los monjes se congregaban frente a la imagen
del Buda y bebían Té de un cuenco común con la
solemne formalidad de un sacramento sagrado.
Este ritual Zen se transformó finalmente en la
Ceremonia del Té en Japón.
El té era una bebida tal que el poeta Lotung (erudito
y contemporáneo de Luwuh) escribió
“La primer taza humedece mis labios y mi garganta;
la segunda taza aquieta mi soledad, la
tercera escudriña mis estériles entrañas para
encontrar allí cinco mil ideogramas; la cuarta
produce un leve sudor y todos los males pasan
a través de mis poros. A la quinta taza ya estoy
purificado, la sexta me llama al reino de los inmortales;
la séptima taza.....¡ah!..Pero no puedo
beber más....¡solo siento el aliento del viento
fresco levantándose en mis mangas!”.
*Docente, descendiente japonés.

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