lunes, 29 de noviembre de 2010

A veces para ganar, hay que dejar de jugar.

Por Fernando Landaburu

Lejos quedaron las épocas donde para ir al casino había que hacer 400 Km. por la ruta 2 hasta Mar del Plata, o la opción era ir a la ciudad de Colonia en Uruguay. Hoy prácticamente los locales que se iniciaron como simples bingos, son casinos que tienen ruleta, Black Jack, dados, y las infaltables tragamonedas, funcionando muchas veces las 24 hs. del día y con cajeros automáticos a pocos metros. Es así que la oferta de juego de azar por dinero se multiplico de forma considerable y con ello comienza una polémica sobre si corresponde ponerle limites a este tipo de comercios, que efectos esta generando sobre la salud de la población y sobre las economías locales por el importante flujo de dinero que se va; afectando seriamente al comercio y la vida económica de muchas ciudades.
Un dato alarmante en relación a la temática de salud, es que el número de personas que han pedido asistencia al Programa de Atención al Ludópata, que funciona bajo la orbita del Instituto Provincial de Lotería y Casinos, ha crecido más de un 150% en los últimos tres años y se calcula que entre un 1% y un 2,5% de la población esta en la etapa mas grave de la enfermedad.
¿Qué es la ludopatía? Según la Lic. Susana Calero en un articulo de la Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiatrica, “el juego patológico o ludopatía esta considerado por la OMS (Org. Mundial de la Salud.) como una adicción dentro de las enfermedades mentales. El cuadro es progresivo, requiere características psicológicas previas y características externas que favorezcan el desarrollo. Cuando nos referimos a un ludópata, se piensa que el sujeto mantiene un vínculo habitual, reiterado, irrefrenable y perentorio con el juego. El juego se transforma en el eje principal de su vida.”
Farré Marti J. en el Diccionario de Psicología, define la adicción como “la tendencia imperiosa de la persona que pierde su capacidad de dominio en relación al consumo de drogas, al uso de objetos (computadoras, televisión, etc.), a la repetición de actividades (juego compulsivo, compras, etc.), hasta el punto de dañarse a si mismo o a la sociedad”, varios autores hablan de dependencia psicológica, que nos permitirá definir la adicción al juego.
Para ser jugador compulsivo se requieren ciertos factores psicológicos, internos o personales y externos, dentro de los primeros encontramos: conflictos de la adolescencia, estados de ansiedad, angustia, soledad, duelos no elaborados, ruptura de una pareja, cuadros depresivos, cuadros obsesivo compulsivo y bipolares, dentro de los externos ocupa un lugar importante la sociedad (incluimos como factor la familia), las empresas del juego y el Estado. La familia cada vez mas abandónica, y por ende con menor capacidad de poner limites, por otro lado las empresas que invierten para ganar y aporta parte de sus ganancias al Estado, y este último que debería establecer limites en la publicidad y horarios, controles sobre los espacios de juego, etc.
El experto en ludopatía Julio Brisuela señala que “la enfermedad tarda años en desarrollarse, en la mujer de 4 a 6 años y en el hombre de 6 a 10 años, y se desarrolla en cuatro etapas, la primera es la de la ganancia, en la que el sujeto se siente ganador y solamente se refiere a los acontecimientos exitosos, que no es toda la verdad, en ese lapso la persona es optimista, la segunda es la etapa de la recuperación de las perdidas en la que empieza a ir al casino no a divertirse o pasarla bien, sino para recuperar lo perdido. Esta todo el tiempo pensando en el juego, luego viene la etapa critica que es la tercera en la que hay una preocupación intensa por el juego, en la que aparecen los fiadores, los prestamistas, los actos delictivos. Aquí se endeuda con sus amigos, vende bienes personales o familiares. Y finalmente la etapa de crisis, donde busca ayuda, a veces por si mismo, otras por medio de un familiar o derivado por la justicia cuando cometió algún ilícito o cuando no encuentra una salida valida para las deudas que tiene puede llegar al suicidio.”
Otros efectos de la ludopatía: el continuo estrés que supone ocultar la adicción al juego produce una serie de alteraciones físicas (alteraciones gastrointestinales, dolores de cabeza, fatiga, insomnio, etc.), aislamiento de la familia, de compañeros de trabajo y de amigos, perdida de interés por otras actividades que realizaba habitualmente y las tasas de incidencia de alcoholismo y otras adicciones entre los jugadores patológicos son superiores a la media.
No es casualidad que en el único lugar público que se puede fumar en la Pcia. de Bs. As. sea en los Bingos.
El lugar del Estado
Decía Rousseau en el “Contrato Social” en 1782: “el ciudadano tiene el derecho a jugar, pero el Estado tiene la obligación de protegerlo”. Es así que frente a este crecimiento de las salas de juego al amparo de los gobiernos y de las leyes, se han comenzado a presentar diversos proyectos, como el proyecto del Diputado Prov. Jaime Linares (Bloque GEN) en la Cámara de Diputados de la Pcia. de Bs. As., para que los municipios regulen horarios y condiciones de higiene y salubridad de los bingos. Asimismo, el Bloque de concejales de la UCR de Necochea presentó un proyecto de ordenanza limitando el horario de funcionamiento de los bingos, proyecto que ya fue aprobado, donde además de la cuestión de salud pública plantea el perjuicio que generan los crecientes fondos que el Bingo retira del circuito económico local (año 2004: $5.075.800.-, año 2005: $7.974.719.-, año 2006: $11.089.250.-, año 2007: $ 15.299.256.-, año 2008: 20.373.028.-, año 2009: $ 23.157.617). Calculando que en el año 2010 superará los $ 30.000.000., situación que se está planteando ya en todos los pueblos del interior de la Provincia de Buenos Aires y del resto del país.
También debería el Estado regular la posibilidad de concurrir a las salas de juego con un monto de dinero que la empresa otorga al que concurre con una publicidad (haciéndonos acordar al primer pase que los vendedores de droga le dan gratis a un adolescente), o la misma publicidad del Estado, que relaciona el juego con la solidaridad, siendo esto un contrasentido enorme.
También hay que destacar la influencia de los valores sociales que asocian la felicidad con el consumo, y así el juego de azar por dinero ofrece aparentemente una oportunidad mejor que otras de obtener ganancias materiales, situación que se contrapone con la cultura del trabajo y del esfuerzo que consideramos hay que recuperar en nuestra sociedad.
Y no es menor la cuestión que a quienes más afecta esta situación es a los sectores de más bajos recursos, ya que muchas veces el jugador gasta el dinero que posee para satisfacer las necesidades mínimas de la familia que integra, agravando así la situación económica y social.
Esta nota no pretende abarcar toda la problemática, pero si aportar a un debate que es necesario en nuestro país, y en nuestra ciudad de Avellaneda, ya que no consideramos que haya que acabar con el juego, pero si establecer limites a un negocio que genera enormes ganancias a pequeños grupos económicos.

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